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Prof. Elisa Lapenta
Gerente General de H3oSports

Entrenamientos Personalizados
elisalapentah3o@hotmail.com
www.h3osports.com.ar

Entrenamiento

Para alcanzar tu objetivo en una competencia necesitás  de una preparación integral en lo físico, psíquico y nutricional, encontrando de ésta manera un correcto equilibrio en el esfuerzo, la recuperación y  el descanso. En ésta sección encontrarás artículos de los siguientes profesionales: 

Prof. Elisa Lapenta  www.h3osports.com.ar elisalapentah3o@hotmail.com

Lic. Rubén Roulet

rouletsaludyciclismo@gmail.com

30 Nov. 2014

PERFILES DEL DEPORTISTA

“Todo lo demás”

 

Entrenar no es solamente cumplir un plan, correr más rápido o pedalear más fuerte. El proceso tiene numerosas aristas que hacen al rendimiento deportivo. El papel del entrenador a la hora de potenciar las condiciones del atleta.

 

Cuando los entrenadores nos sentamos a diagramar el plan de  entrenamiento para un deportista, sea éste del nivel que sea, son numerosos los factores que debemos tener en cuenta para llevar a cabo una metodología de trabajo que tenga probabilidades de conducirnos al éxito deportivo.

Mucho hemos hablado desde estos artículos sobre periodización, principios del entrenamiento, medios variados de objetivo selectivo, planificación y fisiología. Ahora bien, no tanto se ha dicho o escrito sobre todo “lo demás”: variables que, sin sombra de dudas, son tan importantes como las anteriormente mencionadas para la consecución del objetivo planteado.

En la ciencia del entrenamiento deportivo existe un apartado denominado “entrenamiento invisible”, que refiere a todas las conductas esperables del deportista, si lo que se busca es potenciar el rendimiento. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a hablar de los diversos perfiles de ese deportista, que van más allá de la sesión o la semana de entrenamiento. Nos referimos a perfiles funcionales, anatómicos, motivacionales y al entorno de este deportista. Sin lugar a dudas, todo esto es indispensable al momento de llevar adelante un exitoso programa de entrenamiento.

 

Lo principal es la motivación

 

Siempre que mis alumnos se quejan por los entrenamientos que les doy, cuando en plena sesión de control les pido que hagan tres o cinco segundos menos en la siguiente pasada, o cuando llegan de hacer 30 kilómetros en bici a Velocidad Máxima Crítica (VMCr) y antes de que puedan recuperarse les digo el tiempo e inmediatamente bromeo “ese tiempo lo hago yo en la de MTB” o “para hacer ese promedio te hubieras quedado en tu casa”, me miran, y ya con esa mirada anticipan que se viene el contraataque. Éste puede ir desde un simple y sincero “te odio” hasta un “sos mala” o “yo pensé que Hitler estaba muerto, pero se reencarnó en vos.”

Mi respuesta final suele ser: “vos viniste solito, yo no te busqué”. Y esto resume a simple vista que son ellos quienes quisieron empezar a entrenar en serio y someterse a un nivel de exigencia y sistematicidad en los entrenamientos que sólo por momentos superan sus umbrales y límites de tolerancia.

El puntapié inicial de toda relación entre entrenador y deportista lo da, sin dudas, el deportista mismo. Su más íntima y fuerte motivación lo lleva a entrenarse desde 12 a 20 ó 30 horas semanales durante 48 a 50 semanas del año. Entonces, es la motivación la principal impulsora de la conducta humana, en todos los planos: personal, laboral, artístico y deportivo. Es ese movilizador interno que nos lleva a actuar, y cuando está acompañada de una férrea voluntad no hay barrera que no podamos sortear. La ecuación es muy sencilla: motivación + voluntad = éxito y consecución de objetivos. Pero su talón de Aquiles es que el entusiasmo por lo nuevo o por comenzar un proceso (ya sea un entrenamiento, un plan alimentario o un proceso de aprendizaje cualquiera) dura apenas entre cuatro a seis semanas. Es decir que después del mes o mes y medio deberemos sostener todo a base de convicción y fuerza de voluntad.

El perfil motivacional es el primero que deberíamos detectar los entrenadores para saber fehacientemente por qué tal o cual deportista está comenzando un ciclo de entrenamiento. Seguramente tendrá niveles altos o bajos, estadios de meseta o de potenciación. De ahí en adelante, los demás perfiles son más fáciles de evaluar y diagnosticar.

 

El estado estructural                          

 

El perfil estructural es mucho más objetivo y sencillo de evaluar que el motivacional. Una antropometría (fraccionamiento corporal de cinco componentes) nos permite, con un método relativamente sencillo, de base científica y resultados objetivos, determinar el porcentaje de tejido graso y muscular que tiene el deportista. Y con este mismo método podemos reevaluar cada seis u ocho meses para controlar que el proceso de entrenamiento esté bien direccionado.

Pero no sólo se trata de definir porcentajes, sino que también, con el correr de las semanas y la realización de las sesiones, sabremos más acerca del estado de ligamentos, tendones, cápsulas articulares de ese deportista. No es lo mismo, por ejemplo, cargar de kilómetros a las articulaciones de un ultramaratonista que de un corredor de calle amateur. O darle de 600 a 800 kilómetros semanales a un ciclista de Elite que a un mountain biker Máster B que sólo quiere bajar las cinco horas en el Río Pinto.

Para determinar el estado anatomo-estructural en el que se encuentra nuestro deportista sólo podemos dejar que pase el tiempo y los entrenamientos y ver cómo se comportan sus distintos sistemas articulares; por ejemplo, si aparecen lesiones, inflamaciones, esguinces o hasta fracturas por estrés. Y en el caso de aparecer, debemos también ser buenos observadores de cómo y en cuánto tiempo se resuelven estas dolencias. También, algo que no es de menor importancia, ver si las lesiones son reincidentes, si aparecen regularmente dos, tres o más veces en el año.

 

 

El perfil bioquímico-funcional                           

 

El perfil funcional es el que más acostumbrados estamos a evaluar los entrenadores, ya que tiene relación directa con la capacidad de rendimiento del deportista. Aquí podemos tener en cuenta desde evaluaciones o tests con protocolos estandarizados a nivel internacional, como pueden ser uno de mil metros en pedestrismo, la hora contra distancia en ciclismo o una toma de tiempo de 3000 metros en natación. Pero también podemos utilizar los denominados entrenamientos de control en circuitos y situaciones determinadas que muchas veces tienen más que ver con la geografía donde nos tocó nacer, vivir o entrenar.

En Córdoba, donde tenemos un verdadero paraíso para entrenar, hay varios circuitos determinados –como una cronoescalada al Cerro Pan de Azúcar para los de MTB o la cronoescalada al Observatorio para los triatletas, o bien una subida de cuatro kilómetros en Capilla de Buffo (localidad ubicada a pasos de la ciudad), una trepada durísima y muy intensa. Estos entrenamientos de control pueden ser correlacionados con diversas variables como cadencia de pedaleo, pulso, potencia, velocidad y hasta una toma de lactato en casos de deportistas de mayor nivel. Todos estos datos nos dan pautas claras del perfil funcional del deportista. Repetir sistemáticamente estas evaluaciones puede ser de gran utilidad para reevaluar permanentemente la mejora -o no- del rendimiento.

 

Entorno y entrenamiento invisible                               

 

Por último quiero detenerme en el entorno del deportista, y me refiero no sólo el medioambiente (clima, geografía) sino más bien a su entorno de relación: cómo está constituida su familia y si recibe o no su acompañamiento para la actividad que practica.

Suele suceder que las esposas de mis deportistas no apoyan su actividad, por lo que éstos deben negociar permanentemente los tiempos para entrenar. Y más grave aún es cuando ellas tratan de boicotear los entrenamientos. Es una situación muy delicada. Como entrenador, uno no debe meterse ni mucho menos opinar, pero sí debe saber que la cosa es así.

La situación opuesta es cuando la mujer está feliz de que el marido vaya a entrenar y a competir y lo acompaña y alienta. Este entorno es el más saludable que pueda haber y debemos valorarlo y aprovecharlo.

Un tema aparte son los padres que apoyan a sus hijos, mientras que del otro lado están lo que los que los sobreexigen. Todas estas situaciones afectan en mayor o menor medida al proceso de entrenamiento y debemos tenerlas tan presentes como los demás factores biológicos o metabólicos.

Y el entrenamiento invisible también está influido por todas aquellas conductas cotidianas que tiene el deportista y que pueden ir a favor o en contra de su actividad: desde irse a dormir temprano, comer de manera adecuada, lavarse los dientes, higienizarse cada día, hasta cosas tan sencillas como cambiarse la remera mojada después de entrenar, para luego quedarse haciendo de 15 a 25 minutos de vuelta  a la calma.

Todas estas pequeñas cosas hacen al perfil condicional del deportista y los entrenadores deberíamos conocer estos rasgos conductuales para saber qué esperar y qué no del deportista.

Un mountain biker que va a correr Río Pinto y se olvida los zapatos o el casco, un maratonista que llega tarde a la largada o se olvida el número en el hotel, o un triatleta que no encuentra los anteojitos y a última hora tiene que salir a comprar unos, nos hablan de que pueden estar sucediéndoles dos cosas: estar sumamente nerviosos o sumamente desconcentrados. Cualquiera de las dos opciones es un indicador de que las cosas no están en orden y de que deberemos trabajar para ello en la próxima carrera.

De todo lo anterior se desprende que, con total certeza, entrenar no es solamente cumplir un plan, correr más rápido o pedalear más fuerte. El proceso de entrenamiento tiene numerosas aristas que hacen al rendimiento deportivo y como entrenadores tenemos que estar atentos a que mejorar los tiempos no necesariamente se va a traducir de manera directa en ganar más competencias. Ser el mejor deportista no es una cuestión pura y exclusivamente metabólica o genética. Ser el mejor deportista significa potenciar y coordinar un sinnúmero de variables, que en su justa combinación y en un momento determinado darán los frutos de todo lo cosechado.

 

Prof. Elisa Lapenta

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